La bitácora de Martine

De recargos y descuentos

A la hora de elaborar un presupuesto de traducción, surge la cuestión de si deben aplicarse recargos y descuentos. El uso prácticamente estandarizado de las palabras como unidad de facturación en el sector de los servicios lingüísticos, junto con el desarrollo y la implantación de los programas de traducción asistida, ha dado pie a la solicitud por parte de algunos clientes de todo tipo de descuentos, unos razonables y otros totalmente descabellados. Muchos proveedores de servicios de traducción olvidan que a veces no solo no deberían aplicarse descuentos, sino más bien recargos, por diversas razones.

Recargos y descuentos
Numbers, de Laineys Repertoire

Intervienen muchos factores a la hora de sopesar si aplicar descuentos o recargos a un encargo de traducción. De entrada, como dice Ricard Sierra en su blog corporativo, hay que tener bien presente que las traducciones no son comodities. Aunque la mayoría de las traducciones suelen facturarse por palabras, no deja de ser una unidad de recuento que se adoptó como podría haberse estandarizado otra, la horaria, que quizá hubiese dado menos pie a la solicitud de aplicación de descuentos. Un texto objeto de traducción no es una cadena de letras y cifras que podemos trocear a gusto del consumidor. No, un texto es una unidad global y debe considerarse como tal a la hora de establecer el coste de su traducción.

A la tarifa base por palabra que se ha establecido tras haber tomado en consideración muchas cuestiones, se puede aplicar un descuento o un recargo teniendo en cuenta una serie de factores que analizaremos a continuación.

El uso de herramientas de traducción asistida

Las herramientas de traducción asistida (TAO), esos maravillosos programas que te permiten incrementar la productividad y mejorar la calidad de las traducciones, son muy útiles para realizar traducciones técnicas y con contenido repetitivo. Sin embargo, la mayoría son bastante caros y suponen una buena inversión dineraria por parte de los traductores que, además, deben invertir largas horas de formación y aprendizaje para optimizar su uso.

Las repeticiones y las coincidencias parciales

Las TAO tienen una función que permite calcular, en porcentaje, las repeticiones y coincidencias parciales que figuran en un texto y han dado pie a la aplicación sistemática de descuentos por estos conceptos. Sea como sea, se debe tener presente que aunque se ganará tiempo en la traducción, habrá que revisar a conciencia desde la primera hasta la última palabra del texto, para verificar la coherencia y la corrección de la traducción, porque un mismo segmento original no se traduce siempre de la misma manera. El contexto manda.

El volumen

Es un clásico a la hora de pedir o aplicar un descuento. Traducir un texto no es un trabajo mecánico, que se pueda hacer en cadena. Aunque el uso de herramientas informáticas ha mecanizado en parte la labor, siempre es necesaria la intervención humana. Cuanto más largo es el texto, más tiempo debe invertirse en la traducción. No hay que perderlo de vista.

Las cifras

En determinados textos, como pueden ser catálogos de productos o cuentas anuales, pueden aparecer abundantes cifras. En un principio, se podría pensar que no dan trabajo, pero hay que andarse con mucho ojo. Cada idioma tiene su particular manera de escribir las cifras y a menudo hay que adaptarlas al idioma al que se traduce. Por ejemplo, en inglés se escribe 100,500.54 mientras que en español se escribe 100.500,54 o 100 500,54.

El pronto pago

Hay quien opta por ofrecer un pequeño descuento a sus clientes si le pagan el importe total de la factura a la entrega del trabajo.

La especialidad

La especialización por parte de un traductor supone una inversión continua en formación. Confiar las traducciones de textos especializados a un experto en la materia es asegurarse que se utilizará la terminología acorde de ese sector. Es por lo tanto habitual aplicar un recargo por este concepto.

El tiempo

En una situación óptima en que no se estipula un plazo de entrega, el proveedor de servicios lingüísticos o el traductor es quien lo establece y cuenta pues con un margen suficiente de tiempo para traducir, dejar reposar el documento por lo menos 24 horas y revisar con esmero la traducción antes de entregarla. Sin embargo, a veces el cliente necesita con urgencia la traducción y la entrega se fija en una fecha inamovible que puede suponer acelerar el ritmo de trabajo y tener que trabajar noches o fines de semana o distribuir la traducción entre varios profesionales.

En estos casos, la aplicación de un recargo por urgencia se impone. El cliente debe ser consciente del esfuerzo que el traductor profesional hace para que disponga de su traducción en el plazo acordado, ya que seguramente tenga que cambiar los planes y despejar la agenda para dedicarse en exclusiva a ese proyecto.

El formato

Los clientes valoran muy positivamente que se les entreguen las traducciones en el mismo formato que el original e incluso en el mismo programa; las labores de edición y maquetación son un claro valor añadido. Manipular PDF, presentaciones hechas con PowerPoint o textos maquetados con InDesign, por ejemplo, conlleva horas de trabajo. Una vez más, el profesional deberá adquirir programas informáticos y formarse para utilizarlos con eficiencia. Por lo cual, también es muy razonable aplicar recargos por edición y maquetación.

Estos son algunos factores, aunque sin duda hay otros, a tener en cuenta para aplicar descuentos y recargos cuando se hace un presupuesto. Sea cual sea la estrategia que uno adopte, es importante tener siempre presente el tiempo y esfuerzo total que se va a invertir en el proyecto. Tanto en un caso como en otro, es muy importante desglosar cada concepto en detalle, para que el cliente pueda evaluar con precisión todo lo que nos pide. Con los recargos, a veces se producen gratas sorpresas y el cliente facilita el trabajo al profesional, entregándole el texto a traducir en un formato más sencillo de manipular o bien alargando el plazo de entrega.

En cuanto a los descuentos, deberían ser una recompensa a los clientes fieles y recurrentes, con los que se instaura un verdadero diálogo y se trabaja a gusto. Congelar las tarifas durante un año, o ajustar el precio en un proyecto de gran envergadura a varios idiomas puede ser positivo para ambas partes. Otras veces, basta hacerles ver el tiempo y dinero que se ahorran confiando sus traducciones a profesionales en vez de tener a un trabajador realizándolas cuando podría invertir su tiempo en hacer otras tareas más acordes a su formación.

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