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Dec 01

Si no cobras lo que vales, acabarás valiendo lo que cobras

Formar parte de una o varias asociaciones profesionales supone grandes ventajas, como ya comenté en su día. Si además eres miembro de una asociación implantada en otro país, la amplitud de miras y diversidad de opiniones que recabas aún es mayor. Y mal me pese, también sirve para darse cuenta de que en otros mercados y países los precios medios que practicamos los profesionales españoles y el concepto de profesionalidad que se deriva de dichas tarifas están en los últimos puestos de la cola.

¿Y a qué se debe esta subasta a la baja de las tarifas en nuestro país? Podríamos echarle la culpa a la situación económica actual, pero creo que el problema es mucho más grave y está enraizado en la actitud que el público en general, muchos clientes y demasiados profesionales y otros agentes del sector de los servicios lingüísticos tienen hacia los idiomas y los trabajos que basan gran parte o todo su pericia en ellos.

Empezando por la educación, escoger una carrera de letras parece que es condenarse al fracaso. Donde vas a parar, las carreras técnicas y científicas tienen mayor prestigio. Incluso muchos oficios gozan de mejor prestigio y reconocimiento que ser traductor, profesor de idiomas, corrector o redactor. Más adelante, cuando ya te has establecido como autónomo, constantemente debes lidiar con clientes potenciales que van a la búsqueda y captura del precio más barato, como si traducir o corregir fuese equiparable a producir churros o camisetas. Cuántos más kilos de palabras, mayor debe ser el descuento. ¿O no?

Sin embargo, pienso que gran parte de la culpa recae sobre nosotros mismos. Que personas alienas a nuestro gremio busquen gangas lo puedo llegar a entender (en parte); pero que compañeros, supuestamente profesionales, busquen «la mejor oferta» o soliciten que les contacten traductores altamente especializados, para realizar traducciones en plazos muy ajustados a tarifas insultantes, me irrita e indigna. La actitud de ir rascando céntimo tras céntimo o querer generar pujas me parece de lo más ruin. Más cuando la oferta se publica en el foro de una asociación profesional, que vela por nuestros intereses. Lo considero una gran falta de respeto por el gremio y la labor que dichas asociaciones llevan años desempeñando para dar visibilidad y prestigio a nuestra profesión.

Si somos profesionales, comportémosnos como tales. Si nosotros mismos no nos valoramos, no esperemos que los demás lo hagan y aún menos clientes que no saben en qué consiste nuestro trabajo o aquellos que no piensan que cualquiera está capacitado para hacerlo. Como profesionales tenemos derechos, por supuesto; pero también tenemos obligaciones: asesorar y orientar a los clientes; contribuir a la dignificación de nuestra profesión.

Además, tengamos bien presente que quien provee el servicio es quien debe marcar el precio, no el cliente. Nuestra profesión es creativa, sí, pero somos empresarios, no lo olvidemos. Basta ya de dejar que los demás tomen las riendas de nuestro negocio. Nadie ha dicho que sea fácil; el que no esté dispuesto a tener que negociar casi constantemente, a explicar día sí y día también en qué consiste su trabajo, por qué vale lo que vale, que busque otro oficio. Cada uno debe establecer el mínimo por debajo del cual no aceptará un trabajo y ser consecuente con ello. Quizá va siendo hora de dejar de valorar nuestro trabajo en palabras y pasar a hacerlo en tiempo. ¿Qué valor le damos a nuestro tiempo? Nos puede servir de gran ayuda para definir lo que queremos cobrar. Yo personalmente, creo que ese valor horario no debería de estar por debajo de los 30 €. Y si el servicio que se ofrece incluye varias tareas, esa cifra debería ir al alza y acercarse más a los 50 € [1].

Actualmente, equiparando con la situación económica europea, podemos decir que tenemos una España de dos velocidades, incluso tres. Se pueden conseguir buenos clientes en nuestro país, por supuesto, y no solo directos; entre ellos incluyo a pequeñas empresas de traducción y autónomos que hacen una labor excelente de prospección, son éticos y con los que es un absoluto placer trabajar, porque valoran tu servicio y profesionalidad. ¿En qué segmento os queréis situar? ¿Acaso no es preferible apostar por la excelencia, tener menos trabajo pero mejor remunerado para poder dedicarle más tiempo y hacerlo mejor?

Por otra parte, creo que esta situación, a corto y medio plazo, desemboca en una fuga de talentos a otros mercados. Hartos de ver como rechazan sus precios, los mejores profesionales parten (quizá no físicamente, como ocurre con los talentos de otros sectores, que se ven obligados a emigrar ante lo que se avecina en España, pero sí virtualmente) hacia otros mercados donde se les valora mejor y cobran un precio digno y justo por su labor.

¿Y a quién perjudica la degradación de las tarifas? Esta situación será contraproducente tanto para los profesionales como para las empresas nacionales, que quedarán supeditadas a profesionales que trabajaran mediocremente porque no podrán dedicar el tiempo necesario a un único proyecto y deberán aceptar varios trabajos a la vez para poder vivir dignamente. Cuando uno solo tiene tiempo para trabajar, no dispone de él para perfeccionar su saber, formarse y adquirir nuevos conocimientos, ni buscar nuevas oportunidades. Con el empobrecimiento intelectual que supone. Si uno no cobra lo que vale, acaba valiendo lo que cobra.

En lo que atañe a las empresas, para los procesos de exportación e internacionalización hace falta traducir mucho material corporativo. Y ese material debe estar adaptado a la cultura y el idioma de destino si se quiere entrar con buen pie en el mercado y fidelizar a la clientela. Una mala traducción puede echar al traste todo lo invertido en el proceso (tiempo, recursos humanos y materiales de la empresa) y el coste puede ser más elevado de lo previsto inicialmente.

La que antecede es una reflexión personal, basada en mi experiencia y lo que he podido contrastar con el mercado francés, por el que también me muevo. No sé cómo está el patio en otros mercados, pero espero que estén mejor que el español. Os invito a estudiar con calma y objetividad las encuestas de tarifas que realizaron el año 2009 APTIC y la SFT. Creo que las cifras son muy esclarecedoras.

Para terminar, un recordatorio: del trinomio precio-rapidez-calidad solo se pueden escoger dos elementos. Pretender ofrecerlo todo a un precio bajo o irrisorio no es posible. Y un cliente que solo se basa en el precio para escoger proveedor es infiel por naturaleza: siempre encontrará otra oferta más barata que la nuestra que le deslumbre. Seamos creativos también a la hora de vendernos.

Opiniones y experiencias son bienvenidas.

[1] Los precios se han calculado a una media de 300 palabras traducidas/hora y 1000 a 1500 palabras corregidas/hora; para dejarse el margen suficiente para la consulta de fuentes, la resolución de dudas con el cliente y la revisión exhaustiva del documento final antes de la entrega.

30 comments

  1. Núria Ventosa

    Indignem-nos!
    I no callem a la llista de l’associació, la persona de la subhasta no era una “mandada” com algú va apuntar. Vaig fer la petita gestió d’entrar a la web de l’empresa i resulta que n’és la gerent! I, poc després, va posar que la feina ja s’havia assignat. És la trista realitat.
    Jo personalment ja fa temps que vaig arribar a un punt en què em vaig plantar amb els clients autòctons, vaig fer selecció i em vaig quedar amb els que practiquen l’excel·lència. I vaig “emigrar virtualment”. Ara mateix gairebé el 80% de la meva facturació és a l’estranger i, sentint-ho molt per tot el que això significa quant a fracàs de país, no podia haver pres millor decisió. Em cusen a impostos, això sí, perquè en aquest país tothom s’omple la boca sobre la internacionalització, la necessitat d’exportar, etc. i a l’hora de la veritat s’acaba castigant fiscalment a qui ho fa. Però això ja és un altre assumpte…
    Un cop més, felicitats per l’entrada, Martine!

    1. Martine

      Gràcies, Núria!

      Per això penso que és important que no callem i no ens estiguem de dir quan una oferta ens sembla indignant, sigui qui sigui la persona que la publica. Crec que a l’emigració hi arribem tots tard o d’hora, veig que n’ets una experta. Jo ho estic posant tot a punt per iniciar amb força la campanya de prospecció a l’exterior a partir de gener del 2012. M’esgota que aquí molts clients no vegin més enllà del preu.
      I sí, el tema dels impostos dóna per escriure molt…
      Petons i fins aviat!

  2. Joaquín Neci

    1) Estoy de acuerdo con que las tarifas deben calcularse en función de lo que queremos cobrar por hora. Para algunos, esta tarifa será más alta que para otros.

    2) No necesariamente las personas que cobran más ofrecen un mejor servicio. A veces puede tratarse de personas que no quieren o no necesitan trabajar tanto como otras y sólo están dispuestas a hacerlo por un precio muy alto.
    Pongamos por caso que recibimos una oferta de trabajo un viernes tarde: 5000 palabras para el lunes. Habrá gente que valore mucho su tiempo de fin de semana porque le permite pasar el rato con la familia y pretenda cobrar 10 céntimos entre urgencias y recargos. Pero también habrá gente que el fin de semana está solo porque sus amigos se marchan fuera y esté dispuesto a cobrar 6 céntimos, su tarifa habitual. ¿Quién es mejor traductor? Es imposible saberlo.

    3) No entiendo tu frase: “Para terminar, un recordatorio: del trinomio precio-rapidez-calidad solo se pueden escoger dos elementos.” Si los elementos que escojo son calidad y rapidez, ¿cómo los combino?

    En general, me parece una buena entrada, Martine. Felicidades!

    1. Martine

      Joaquín, gracias por tu comentario y tus reflexiones.

      Obviamente, no todos podemos cobrar lo mismo porque ni tenemos las mismas especialidades, ni las mismas combinaciones de idiomas, ni nos dirigimos a los mismos tipos de cliente, pero no deberíamos bajar de un precio razonable y creo que los 30 €/hora lo son.

      En cuanto a tu reflexión sobre el punto dos, discrepo. Aunque los autónomos podemos trabajar cuando nos apetezca, hay que intentar mantener un horario parecido al de tus clientes (salvo que se encuentren a miles de kilómetros de donde vivas y con el cambio horario sea imposible hacerlo) o por lo menos que te puedan contactar en ese horario. Y también tenemos derecho a descansar. Que un fin de semana estés libre y puedas dedicarlo a traducir es estupendo, pero si no le cobras un recargo por urgencia al cliente, se malacostumbrará y puede que otro fin de semana te surja otro encargo y te veas obligado a modificar tus planes para encargarte de ese trabajo. La “disponibilidad absoluta” hay que hacerla pagar, es un valor añadido que damos. Además, a veces las urgencias son falsas y es más un problema de mala organización en la empresa que tú no tienes porque asumir. Si prefieres, llamálo “recargo por exclusividad”.

      En lo referente al punto tres, si juntas calidad y rapidez debes cobrar a un precio alto. Si me vienen con la traducción urgente especializada que comentas en el punto 2 un viernes y la quieren para el lunes, aplico un recargo de urgencia. Lo que me molesta es que algunas agencias y clientes pretenden obtener calidad y rapidez a un precio ínfimo. Y no debería ser así.

    2. Alicia

      @Joaquín Estoy completamente de acuerdo con tu punto número 1, pero creo que se contradice algo con el 2º: si cobro menos por línea o palabra, deberé trabajar más rápido para conseguir lo que quiero conseguir por hora, por lo que la calidad puede ser peor.
      Yo siempre he defendido que cada uno calcule cuánto quiere cobrar por hora y qué cantidad de texto puede traducir por hora, pero, si cobro más por hora, también tengo más tiempo, ¿no crees?

      Un saludo,
      Alicia

      1. Joaquín Neci

        Alicia/Martine:
        En ningún momento pretendo defender a los que cobran tarifas bajas y deben traducir rápido para cubrir un salario digno. Yo soy de los que aplico recargos por urgencia por trabajos nocturnos o de fin de semana: por lo general, cuando me mandan una traducción fuera del horario normal de oficina, suelo dar dos precios y dos plazos de entrega diferentes. Que el cliente final elija!

        Sólo quería apuntar que una tarifa alta no es sinónimo de calidad, que lo que para unos es urgencia no tiene porque serlo para otros y que los precios por hora pueden variar en función de la cantidad de trabajo recibida al mes. Por ejemplo, partiendo del precio de Martine (30€/hora), tenemos: 30€ x 8 horas x 20 días = 4.800 €/mes (brutos). Si en lugar de 30€/hora, te conformas con 20€, tu salario bruto mensual sería de 3.200€.

        Todo depende también del tipo de trabajo realizado: si traducimos de temas que conocemos, nuestro ritmo será más alto que si aceptamos traducciones fuera de nuestros ámbitos de especialidad.

        1. Martine

          Hola de nuevo:

          El quid de la cuestión reside en que no tenemos 8 horas productivas (traduciendo) durante 20 días al mes. Las horas productivas son menos, porque el flujo de trabajo no es el mismo semana tras semana y hay que reservar tiempo para el resto de tareas: intercambios con los clientes, búsqueda de información, prospección, tareas administrativas (facturación, gestión de la cartera de clientes)… y lo que se te ocurra añadir.

          Eso sin tener en cuenta todos los gastos que debemos deducir. Si restas las horas y sumas los gastos, al final el precio final ya no es tan boyante.

          Y si soy más rápida porque soy experta, será por algo, ¿no? ¿O es que el tiempo invertido en formación y el bagaje de traducciones realizadas no cuenta? ¿Verdad que en los trabajos fijos no suele cobrar lo mismo el que acaba de empezar e incorporarse que el senior o directivo que hace años que está ahí? Por algo será… Inspirémosnos en otros oficios y otros trabajos, hay muchas buenas ideas y buenas prácticas de las que sacar partido.

        2. Conxi

          Hola Joaquín:

          Yo tampoco estoy nada de acuerdo con tu punto dos. Claro que hay gente que no dedica el fin de semana a los amigos o a la familia, claro que hay personas que prefieren quedarse hasta altas horas de la noche trabajando porque son más activos de noche que de día y les cuesta levantarse pronto y rendir por la mañana temprano. También hay gente que tiene unos ingresos fijos y que hace traducciones para sacarse un dinero extra (y no me refiero a gente no formada en traducción, sino a gente formadísima). Yo conozco personalmente a muchas de estas personas, algunas amigas mías, que rinden más por la noche, que por circunstancias personales prefieren trabajar el fin de semana y también que trabajan en una empresa con un horario que les deja tiempo libre entre el día y que lo aprovechan para sacarse un extra traduciendo.

          Y, ¿por qué deberían cobrar su tarifa habitual de 6, 4 o incluso 3 céntimos con IVA incluido? (Tarifa esta última que, por cierto, está más extendida de lo que parece). No, señor, no. ¿Es fin de semana? Recargo. ¿Es de noche? ¿Es urgente? Cobra un precio adecuado al tipo de servicio que se está pidiendo, que no es el servicio básico o estándar, no: es un servicio que quieres más rápido de lo que conlleva normalmente, es un servicio que quieres obtener fuera del “horario habitual de oficina”, es un servicio, en definitiva, extraordinario. Cóbralo así. Si siempre trabajas el fin de semana, hazlo, pero ¿por qué no lo cobras como tal? ¿Por qué renuncias de entrada a un sueldo mejor, o simplemente digno, adecuado al servicio que prestas?

          Un amigo mío que hacía traducciones a precios muy bajos en su tiempo libre y que vive de otro trabajo fijo me dijo: “hombre, ya, es muy poco pero lo hago en mi tiempo libre”. Y ahí está la clave de la cuestión. Es tu tiempo libre y no lo necesitas para vivir. ¿Por qué te matas a hacer una traducción en tu tiempo libre para cobrar una miseria? No te compensa por ningún lado. No lo necesitas y es tu tiempo libre: exige más.

          Muchas veces nos quedamos sin el trabajo porque el cliente no está dispuesto a pagar más. Eso lo he comprobado más de una vez y hay que valorar… Pero también he comprobado más de una vez que al cliente le he dicho que el mínimo por el que acepto la traducción es “X” y que por menos no la hago y, para mi sorpresa, también acepta muchas veces sin discutir.

          En fin, ya he soltado el rollo… Qué bien se queda uno ;-)

          1. Martine

            Hola, Conxi:

            Sí, yo tampoco entiendo muy bien porqué mucha de la gente que hace “trabajillos extras” los cobra a cuatro duros. Hace unos meses conocí a un médico que combinaba el ejercicio de la medicina con la traducción y como tenía poca disponibilidad para traducir las cobrara a 0,15 €/palabra. Fue una grata sorpresa y ya me gustaría que más personas actuasen así.

            Hemos de estar preparados al rechazo y las negativas. Si todos los presupuestos que presentásemos fuesen aceptados, sería una maravilla… o una señal de que cobramos un precio bajo. Por suerte, hay de todo. Nada dice que sea fácil, hay que buscar y ser perseverante. Y por supuesto ofrecer un buen servicio.

  3. Renate

    Simplemente muchas gracias! No debería ser así, pero realmente hay mucho que aprender en términos de actitud en este oficio. Gracias nuevamente.

    1. Martine

      De nada, Renate. Si consigo hacer sacudir la mente de unos cuantos y que alguno llegue a replantearse su actitud, ya me daré por satisfecha.

  4. Pablo Bouvier

    ¡Excelente artículo, Martine!

    Para quien no entendió lo de que sólo se pueden escoger 2 de los 3 elementos del trinomio precio-calidad-rapidez, puede echarle un vistazo a la pirámide del artículo:

    http://meteteme.blogspot.com/2011/09/quien-le-importa-la-calidad.html

    o también a la humilde opinón de un servidor sobre las traducciones urgentes:

    http://rectrad.wordpress.com/2008/11/11/traducciones-urgentes-el-pez-que-se-muerde-la-cola/

    1. Martine

      ¡Muchísimas gracias, Pablo!

      Tu blog lo desconocía, pero la entrada de Jordi Batlle (Metéteme), sí la había leído y también me pareció una reflexión excelente. A quién no lo haya hecho, le recomiendo la lectura.

      1. Pablo Bouvier

        La verdad es que tengo mi blog muy abandonado por falta de tiempo, pero estoy rumiando hacer un VLOG.

        Ya veremos, porque, si luego uno no tiene tiempo de actualizarlo, se convierte en un bonito cadáver…y de esos hay ya unos cuantos en Internet.

  5. Sara

    Estoy totalmente de acuerdo contigo: el peor enemigo de la profesión es la actitud de muchos traductores y de muchas empresas de traducción. Los primeros temen no tener encargos si no pasan por el aro y no aceptan tarifas insultantes; y los segundos no se atreven a “educar” a los clientes.

    No deja de tener gracia, por decirlo de alguna manera, que a ninguno de estos grupos (clientes, agencias, traductores) se le ocurra discutirle sus tarifas a un fontanero o a un mecánico, por ejemplo. Y teniendo en cuenta el desconocimiento profundo generalizado que hay en este país respecto a casi cualquier idioma que no sea el materno, la falta de respeto hacia los profesionales de la traducción me resulta especialmente indignante.

    1. Martine

      Hola, Sara:

      Somos un colectivo tan heterogéneo que te encuentras de todo. Es decisión de cada uno basarse e inspirarse en comportamientos y actitudes concretas. Yo tengo claro el camino que he escogido, y bajar los precios no me parece la solución adecuada.

      En cuanto a las comparaciones con otros oficios… Una chapucilla en casa se atreve a hacerla cualquiera (recalquemos: “chapucilla”), pero si la obra es de envergadura, vas a apelar a un profesional. Al médico o al abogado no se te va a ocurrir pedirle una rebaja.

      Repito, creo que gran parte de culpa la tenemos nosotros mismos. El respeto se lo gana uno mismo a pulso. Si uno deja que le pisoteen y acepta lo que le venga, luego que no se queje.

  6. Lorena Vicente

    Excelente entrada, Martine. Me consta que en todo el mundo pasa lo mismo. El día que los traductores independientes entiendan que no son empleados de una agencia o dependientes del cliente sino proveedores de servicios y que, como tales, deben fijar sus propios honorarios y no romper el mercado, podremos hablar de avances en la profesión. Mientras tanto, debemos continuar con estas campañas de información y concientización para alertar a los desprevenidos. Saludos.

    1. Martine

      Gracias, Lorena:

      Si solo dependes de un cliente o un número muy pequeño, claro que es difícil cuadrarse. La solución: diversificar al máximo. A veces tengo la sensación de que a pesar de no ser empleados fijos, tenemos esa mentalidad. Hay vida más allá de un cliente y un proyecto concreto. Hay buenos clientes con los que es un placer trabajar, pero hay que currárselo para encontrarlos, no vienen solos.

      1. Lorena Vicente

        Totalmente de acuerdo. Siempre comento a los recién recibidos que se puede vivir (bien) de la traducción, pero es necesario hacer carrera, invertir en capacitación y publicidad para encontrar esos buenos clientes (que los hay). ¿Sabes qué responden? ¡Y dónde están los buenos clientes! Bueno, hay que buscarlos, ¿no?

  7. Thomas Kis-Major

    !Muchísimas gracias Martine por tus ideas, tu tiempo y tu entusiasmo! Maravillosa contribución, te deseo mucho éxito.

    1. Martine

      ¡Gracias, Thomas!

  8. Curri Barceló

    Martine, me uno a las felicitaciones y, además, te agradezco el tirón de orejas. Y hace tiempo que puse un mínimo-minimísimo y nunca he bajado de él, pero sí que he visto este último año que ese mínimo es demasiado bajo. Mi intención era subirlo, pero con la crisis, algunas agencias que antes me pagaban algo que yo creía razonable (para una agencia) han bajado sus tarifas hasta rozar mi mínimo. Sí, tengo que encontrar otros clientes, y pierde cuidado que llevo un año intentando cambiar los “malos” por “mejores”, pero no parece cuajar. También hace más de un año que decidí dejar de mirar agencias españolas, precisamente porque ninguna me paga lo que me merezco (y lo que no se merece ningún traductor cualificado). Solo trabajo con un par (y sí, por par, por una vez, me refiero a DOS) que siguen manteniendo las tarifas originales. Alguna vez me han enviado ofertas de pertenecer a su base de datos a cambio de hacer una prueba y, antes siquiera de ponerme con la prueba, les pregunto que cuáles son las tarifas que ellos pagan (sí, prefiero que me lo digan ellos, antes de decírselo yo, porque así me aseguro de que me responden. Las veces que lo he hecho al revés, nunca me han respondido) y siempre acabo respondiéndoles con un correo definiéndoles que las tarifas que ellos me ofrecen me suponen el mismo nivel de ingreso que cualquiera que trabaje en el Mc Donalds (con todo mi respeto por esa gente, que curran mucho y cobran una mierda), con la única diferencia que a ellos les pagan seguro y vacaciones y a mí no me lo paga nadie.

    Así que, con escritos como este, me animas a no tirar la toalla y a seguir buscando. Por supuesto, fuera de España, porque en videojuegos en ella, no te dan ni pa pipas, y en el resto, pues igual (más de una vez me han enviado ofertas para hacer traducciones médicas por 0,035 euros la palabra… Y he acabado en el suelo, rodando de la risa).

    Sobre lo que comenta Sara, de no discutir las tarifas a otros profesionales, eso es precisamente por lo que tenemos que luchar. La gran mayoría del público se piensa que se puede traducir simplemente sabiendo dos idiomas (aunque tu propio idioma lo sepas mal y a trompicones). Casi nadie cree que cualquiera que haya abierto alguna vez el retrete de su casa para intentar arreglar la gotera ya puede dedicarse a hacer tareas de fontanería. Y es eso lo que tenemos que conseguir: que se nos considere profesionales para cuya profesión se necesita formación, preparación y, sobre todo, un par de ovarios para tirarse horas sentado delante de un ordenador, manejando el cerebro, buscando la palabra adecuada, haciendo investigación, preguntando a unos y a otros… Más quisieran los fontaneros tener que pensar tanto…

    1. Martine

      Curri:

      Me alegro de que el artículo te haga replantearte las cosas. Tú sigue perseverando, ya verás como acabas consiguiendo resultados. Con la situación actual todo se ha complicado (o quizás antes era todo demasiado fácil, no sé), porque las empresas tienen partidas presupuestarias más ajustadas e intentan exprimir al máximo lo poco que tienen. También tengo la sensación de que algunos intentan aprovecharse de la coyuntura. Pero bueno, hay de todo, y la experiencia de muchos colegas y la mía propia me demuestran que también hay buenos clientes, que valoran nuestro trabajo y el servicio que les ofrecemos.

      Simplemente, cuando ves que se te cierran muchas puertas, quizá tienes que plantearte que no estás llamando donde debes. Cada cual debe encontrar su nicho y las tarifas no serán las mismas en uno que en otro. Desconozco totalmente el mundo de la localización de videojuegos, pero por lo que contáis los que os dedicáis a ello, me parece que la traducción no es nada sencilla. Así que muchos ánimos y sigue adelante. La perseverancia es clave para obtener resultados.

  9. Esther Rodríguez

    Enhorabuena por el artículo, Martine. Estoy totalmente de acuerdo con tus reflexiones sobre nuestra profesión. A los clientes podemos “perdonarles” que no entiendan en qué consiste nuestro trabajo, pero nosotros somos los primeros que debemos valorarlo como se merece (aquello de “quiérete a ti mismo para que te quieran los demás”).

    Si solo uno o dos traductores cambian de mentalidad con tu artículo, ya habrá valido la pena. :)

    Gracias de nuevo.

    1. Martine

      Muchísimas gracias, Esther.

      Sí, lo más importante es valorarse a uno mismo. Si uno no confia en sí mismo y no se respeta, no consigue nada.

  10. Liliana Salvo

    Estimados colegas: por este lado del planeta (Uruguay) nos aquejan los mismos problemas que a ustedes. Tenemos que lidiar constantemente con clientes que pretenden tarifas irrisorias e incluso (me ha pasado más de una vez) recibir insultos de todos los colores por mis tarifas. Aquí tenemos una asociación profesional, el Colegio de Traductores Públicos del Uruguay que establece los aranceles mínimos para las traducciones dependiendo del tipo de documento del que se trate. Sin embargo, por decirlo de alguna manera, ese arancel es una ‘entelequia’ porque, salvo algunos profesionales, nadie logra cobrarlo. En particular, con las traducciones del y al inglés, sucede en mi país que cualquiera que haya estudiado un poquito de esa lengua (cosa que está muy extendida entre la población) cree estar capacitado para hacer una traducción.
    Por último, adhiero absolutamente a la idea de que somos nosotros, los profesionales de la traducción, quienes debemos jerarquizar nuestro trabajo,cobrando tarifas dignas. Nada podemos esperar sino de nostros mismos.

    1. Martine

      Hola, Liliana:

      Gracias por mostrarnos la realidad de Uruguay. Es triste comprobar que el hecho de tener un colegio que lucha por dignificar la profesión tampoco logra un concenso tarifario entre los profesionales del gremio.

      Aún así, creo que cuanto más unidos estemos y más debatamos las cuestiones que nos afectan y nos incumben, mejores beneficios podemos obtener. Si estoy aislado, nunca sabré lo qué cobran los demás y si puedo optar a más. Los intercambios son muy enriquecedores y observar las buenas prácticas de mis colegas me ha servido para crecer, mejorar y ser más exigente conmigo misma.

  11. Paul Auster

    Has descubierto la ley de la oferta y la demanda…Explicame porque deberia pagar 50 Eur a un traductor si otro lo hace por 30 con LA MISMA CALIDAD Y RAPIDEZ ? Tu pagarias por un dentista más caro si abren uno nuevo en tu calle más barato y que te de un servicio igual que el otro ?

    Eso si, luego todos a buscar las mejores ofertas de precios en ropa, comida, muebles, servicios, seguros etc etc

  12. Martine

    Hola:

    No descubro nada nuevo. Simplemente pido que reflexionemos sobre el respeto que tenemos hacia nuestra persona y nuestro trabajo como profesionales. A mí me parece perfecto que los clientes pidan presupuestos a varios profesionales y que contrasten precios. Lo que no me parece bien es que me digan cuánto tengo que cobrar. El precio lo establezco yo, porque soy el proveedor, y no el cliente.

    Cuando un cliente solicita una traducción está solicitando un servicio. La traducción en sí será el producto final, pero es en gran parte intangible y hasta que está hecha no podrás valorarla (bueno, siempre y cuando domines el idioma, porque sino tampoco podrás hacerlo). Además, intervienen otros aspectos en la valoración del servicio: la atención al cliente, la disponibilidad, la celeridad con que respondas a las peticiones de tu cliente, cómo resuelvas los problemas que pueden surgir, la presentación de la traducción, la actitud, la experiencia, la formación… así que es difícil que dos personas ofrezcan exactamente la misma calidad y rapidez. Intervienen muchos aspectos a cuál más subjetivo.

    En los ejemplos que has puesto, creo que influyen más factores. Hay quién sí buscará el mejor chollo, pero otro pagará un precio más alto porque adquiere sensaciones, confort, tranquilidad, seguridad y un mejor servicio. Si no ¿por qué tiene tanto auge la alimentación ecológica hoy en día? ¿O por qué hay quien prefiere comprarse un Audi a un Dacia? ¿O pagar más por el dentista? Seguramente también porque se siente mejor atendido. Yo personalmente, desconfío de los chollos, siempre creo que hay gato encerrado.

    En cuanto a las empresas, si tuviese una que se va a lanzar al extranjero, no me jugaría mi estrategia de internacionalización comprando traducciones baratas. Lo enfocaría como una inversión y no un gasto. Hay webs en inglés y otros idiomas de empresas españolas que dan mucha lástima. Si no eres capaz de invertir en la buena imagen de tu propio negocio, ¿cómo vas a responder a las peticiones de tu clientela?

    Eso sí a precio más alto, creo también en una mayor exigencia, tanto por parte del proveedor como el cliente. Si ofreces calidad y un servicio impecable, tienes que darlos. Debes aportar continuamente por la excelencia.

    Eso sí, te agradecería que firmases con tu nombre verdadero, Josep, como han hecho el resto de personas que han querido compartir su punto de vista.

  13. Ines Perez

    En este vídeo, los del movimiento NO PEANUTS lo explican perfectísimamente:

    http://youtu.be/LeF7ykpRRc4

    ¡¡Saludos a todos!!

    Inés

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